miércoles, octubre 03, 2007

FRANÇOIS DE LA ROCHEFOUCAULD

Filósofo y moralista francés Tal como él mismo relató en sus Memorias (1662), los primeros años de su vida adulta los pasó entre el ejército y la corte francesa, involucrado en hechos de armas y aventuras amorosas. Sin embargo, en 1652, debido a una herida que sufrió en la batalla de Faubourg Saint-Antoine que lo obligó a guardar reposo por un tiempo, volvió a París y entró en contacto con los círculos literarios. Concibió entonces su obra más conocida, las Máximas (1658-1663), colección de 700 epigramas que constituyen un hito del clasicismo francés. Tomando el egoísmo natural como la esencia de toda acción, La Rochefoucauld atacó el autoengaño y descubrió con hondura e ingenio las contradicciones de la psicología humana.


Algunas de las máximas que más me gustan de FRANÇOIS DE LA ROCHEFOUCAULD, son entre otras las siguientes:

Todo el mundo se queja de no tener memoria y nadie se queja de no tener criterio

Olvidamos nuestras faltas con mucha facilidad cuando sólo las conocemos nosotros

La gratitud de la mayoría de los hombres no es más que el deseo secreto de mayores beneficios

Si tuviésemos suficiente voluntad, casi siempre tendríamos medios suficientes

Apresurarse demasiado a corresponder un favor constituye una especie de ingratitud

Un sensato puede amar como un loco, pero nunca como un necio

La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias solo a nuestra vanidad

A todos nos sobran fuerzas para soportar los males ajenos

El perfecto valor consiste en hacer sin testigos lo que se sería capaz de hacer ante todo el mundo

Ni el Sol ni la muerte pueden mirarse fijamente

En los celos hay más amor propio que amor

El arte más profundo de un hombre hábil es el de saber ocultar su habilidad

Una mujer a la moda está siempre enamorada... de sí misma

No iría muy lejos la virtud si la vanidad no la acompañase

Se puede ser más astuto que otro, pero no más astuto que todos los demás

Es más fácil ser sabio para los demás que para uno mismo

Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores

Los pleitos no durarían tanto tiempo si el error estuviera sólo en una parte

Nunca somos tan felices ni tan infelices como pensamos

Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse

Como pretendes que otro guarde tu secreto si tú mismo, al confiárselo, no los has sabido guardar

La intención de no engañar nunca nos expone a ser engañados muchas veces

Conocer las cosas que lo hacen a uno desgraciado, ya es una especie de felicidad


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